(Fotografía por cortesía del Grupo joven de la Hermandad de la Soledad de Villarrubia)
49 Músicos, 3557 kilómetros, 52 litros de agua embotellada, 7 apartamentos, miles de litros de agua cayendo desde el cielo, 6 Hermandades, 9 estaciones de penitencia, 6 paellas tamaño rueda de carro, dos autocares, un convento de Clarisas y las delicias que dispusieron para nosotros… Números para una Semana Santa en la que el tiempo no acompañó pero que tuvo su emoción y, sobre todo, una gran familia: la Amargura.
En cantidad no cuantificable la emoción de los componentes, el compañerismo, el amor por tocar para las sagradas imágenes, el reconocimiento del público por allí donde hemos pasado, sonrisas y lagrimas pero sobre todo emoción; mucha emoción.
Tras el Lunes Santo en Compostela llegó el Martes y nos marchamos a Coruña para acompañar a la Virgen de la Piedad en una de las procesiones más señeras de la capital Herculina. La guardia noble de la ciudad, la Corporación Municipal, las mujeres de mantilla de las Hogueras de San Juan… Coruña vestida de largo para acompañar a la preciada imagen. No pudo ser. El tiempo no acompañó y hubo que tocar dentro del majestuoso templo. Contamos, eso si, con el reconocimiento de la Hermandad.
El Miércoles retornamos a Coruña para acompañar al Cristo del Buen Consuelo. Y salió. A los sones del Himno Nacional asomaba por la puerta a las nueve en punto para ser escoltado por un piquete de la academia de la abulense academia de policía. Con las calles abarrotadas conocimos momentos en la ciudad vieja en los que el paso de la banda se tornaba casi imposible.
Y después de cenar, nuevamente en camino rumbo a Vera, al hotel donde llegaríamos pasado ya el mediodía. Lo mejor sin lugar a dudas fueron las paellas a nuestra llegada. Y rumbo a Pulpí para la recogida de banderas. Conjuntamente con la banda de la Hermandad, con la “Corona de Espinas” y con la del “Santo Sepulcro”, las cuatro bandas realizamos el pasacalle y la recogida de nuestra respectiva enseña en la iglesia. A nosotros nos correspondió el honor de acompañar al titular, al paso de Jesús Nazareno. La lluvia malogró la estación de penitencia. De vuelta apresurada en el templo, con todos los pasos recogidos y con los hermanos que no reaccionaban al ver como se les había truncado la procesión, la Amargura desde el altar rompió el murmullo inquieto con el Himno Nacional lo que arrancó de los hermanos torrentes de lágrimas al darse cuenta por ello, de que la Estación de Penitencia había concluido. Aún así, y por petición expresa de la cofradía en pleno, dejamos allí “Al tercer día” como canto de esperanza y de que ya habrá otros años.
El Viernes Santo por la mañana, una vez realizadas las debidas consideraciones del tiempo, estado de calles y otros asuntos, la banda tomó la decisión de descansar, momento aprovechado para los más valientes que hicieron uso de las piscinas del hotel y otras instalaciones del complejo. Pero la vida no es regalada para el músico cofrade y tras ese rato de esparcimiento, hubo que ponerse nuevamente en camino en dirección a Villarrubia de los Ojos, donde nos aguardaba la titular de la procesión de la Soledad. También Villarrubia suspendió por agua. Pese a ello, acudimos al templo anejo al convento de Clarisas donde la Hermandad abrió de par en par sus puertas para que la banda, de cara a la hermosa talla de María, apenas visible tras su candelería y bajo su majestuoso palio, le interpretase todo un repertorio de marchas adecuadas a la imagen.
Cientos de vecinos acudieron al templo al escuchar a la agrupa dirigirse a el en paso ordinario.
Tras nuestra interpretación las hermanitas Clarisas asomaron a las puertas del convento para abrirnos sus puertas y ofrecernos sus dulces artesanales. Despidiéndonos de Villarrubia emprendimos el viaje de regreso donde prácticamente todos caímos ya rendidos en espera del Domingo de Resurrección en Coruña.
Y llegó el domingo. Y llegamos a Coruña. Y Coruña aplaudió. La impresionante talla del Resucitado motivó en grado sumo a la banda que empezó a empatar marcha tras marcha quedando las chicotás a tambor reducidas a una mera acnédota de minutos.
Y por la tarde, y con muchos deseando poder ver una procesión acudimos a ver a nuestros hermanos de la naval de Viveiro donde estuvimos disfrutando del más puro sonido Cigarreras.
Una Semana Santa para el recuerdo. Con muchos que en ella han dado su primer paso y a los que desde estas líneas damos nuestra más cordial enhorabuena porqué lo han hecho de forma brillante. Unas lágrimas por los que fieles hasta el final nos han dejado para retirarse. Una ovación cerrada a toda la agrupa porque se ha demostrado, que ni atascos, ni robos, ni averías, ni adversidad alguna pueden con esta gran familia; la AGRUPACION MUSICAL VIRGEN DE LA AMARGURA
En cantidad no cuantificable la emoción de los componentes, el compañerismo, el amor por tocar para las sagradas imágenes, el reconocimiento del público por allí donde hemos pasado, sonrisas y lagrimas pero sobre todo emoción; mucha emoción.
Tras el Lunes Santo en Compostela llegó el Martes y nos marchamos a Coruña para acompañar a la Virgen de la Piedad en una de las procesiones más señeras de la capital Herculina. La guardia noble de la ciudad, la Corporación Municipal, las mujeres de mantilla de las Hogueras de San Juan… Coruña vestida de largo para acompañar a la preciada imagen. No pudo ser. El tiempo no acompañó y hubo que tocar dentro del majestuoso templo. Contamos, eso si, con el reconocimiento de la Hermandad.
El Miércoles retornamos a Coruña para acompañar al Cristo del Buen Consuelo. Y salió. A los sones del Himno Nacional asomaba por la puerta a las nueve en punto para ser escoltado por un piquete de la academia de la abulense academia de policía. Con las calles abarrotadas conocimos momentos en la ciudad vieja en los que el paso de la banda se tornaba casi imposible.
Y después de cenar, nuevamente en camino rumbo a Vera, al hotel donde llegaríamos pasado ya el mediodía. Lo mejor sin lugar a dudas fueron las paellas a nuestra llegada. Y rumbo a Pulpí para la recogida de banderas. Conjuntamente con la banda de la Hermandad, con la “Corona de Espinas” y con la del “Santo Sepulcro”, las cuatro bandas realizamos el pasacalle y la recogida de nuestra respectiva enseña en la iglesia. A nosotros nos correspondió el honor de acompañar al titular, al paso de Jesús Nazareno. La lluvia malogró la estación de penitencia. De vuelta apresurada en el templo, con todos los pasos recogidos y con los hermanos que no reaccionaban al ver como se les había truncado la procesión, la Amargura desde el altar rompió el murmullo inquieto con el Himno Nacional lo que arrancó de los hermanos torrentes de lágrimas al darse cuenta por ello, de que la Estación de Penitencia había concluido. Aún así, y por petición expresa de la cofradía en pleno, dejamos allí “Al tercer día” como canto de esperanza y de que ya habrá otros años.
El Viernes Santo por la mañana, una vez realizadas las debidas consideraciones del tiempo, estado de calles y otros asuntos, la banda tomó la decisión de descansar, momento aprovechado para los más valientes que hicieron uso de las piscinas del hotel y otras instalaciones del complejo. Pero la vida no es regalada para el músico cofrade y tras ese rato de esparcimiento, hubo que ponerse nuevamente en camino en dirección a Villarrubia de los Ojos, donde nos aguardaba la titular de la procesión de la Soledad. También Villarrubia suspendió por agua. Pese a ello, acudimos al templo anejo al convento de Clarisas donde la Hermandad abrió de par en par sus puertas para que la banda, de cara a la hermosa talla de María, apenas visible tras su candelería y bajo su majestuoso palio, le interpretase todo un repertorio de marchas adecuadas a la imagen.
Cientos de vecinos acudieron al templo al escuchar a la agrupa dirigirse a el en paso ordinario.
Tras nuestra interpretación las hermanitas Clarisas asomaron a las puertas del convento para abrirnos sus puertas y ofrecernos sus dulces artesanales. Despidiéndonos de Villarrubia emprendimos el viaje de regreso donde prácticamente todos caímos ya rendidos en espera del Domingo de Resurrección en Coruña.
Y llegó el domingo. Y llegamos a Coruña. Y Coruña aplaudió. La impresionante talla del Resucitado motivó en grado sumo a la banda que empezó a empatar marcha tras marcha quedando las chicotás a tambor reducidas a una mera acnédota de minutos.
Y por la tarde, y con muchos deseando poder ver una procesión acudimos a ver a nuestros hermanos de la naval de Viveiro donde estuvimos disfrutando del más puro sonido Cigarreras.
Una Semana Santa para el recuerdo. Con muchos que en ella han dado su primer paso y a los que desde estas líneas damos nuestra más cordial enhorabuena porqué lo han hecho de forma brillante. Unas lágrimas por los que fieles hasta el final nos han dejado para retirarse. Una ovación cerrada a toda la agrupa porque se ha demostrado, que ni atascos, ni robos, ni averías, ni adversidad alguna pueden con esta gran familia; la AGRUPACION MUSICAL VIRGEN DE LA AMARGURA
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